Pocos baremos han recibido más parches, rebajas y remiendos que el Arancel notarial, en la actualidad reducido a un inescrutable cúmulo de disposiciones que no tienen otro común denominador que la reducción arbitraria y muchas veces caprichosa de su monto, lo que le ha hecho perder su significado profesional social e incluso político. Ya constituyen un clamor general las voces que piden su regeneración. La debida atención y defensa de los consumidores exigen ya que el legislador les atienda.